Tu Dios que te hace su apóstol

¡Cuánto he esperado este momento, para decirte y hacerte sentir que eres para mí un instrumento tan valioso y tan necesario que no he resistido mi impulso de acercarme a ti, inundándote, en esta explosión de luz, de mi presencia que como un tatuaje intenso jamás podrás arrancar de ti!

Mi extremo amor por ti, tiene una larga historia. Desde el seno de tu madre decidí que fueras mi apóstol. Y desde entonces proyecté este momento en que me manifiesto a ti para declararte que te amo y me entrego por ti hasta la muerte para ser tu Vida. Tu encuentro con la Vida hará que pronto brote de tus labios y se refleje en tu rostro tu más firme convicción: “Para mí la vida es Cristo”.

Querido apóstol, me ha parecido bien elegirte, a pesar de toda la resistencia con la que intentabas acallar mi voz en tu conciencia. Ha sido de mi gusto el hacer de ti otro Cristo. No es por tus obras, sino por mi propia determinación y porque te amo, que tú has sido designado para darme a conocer. No temas, ni te detengan tus flaquezas, pues mi fuerza se manifestará con mayor relieve en tu debilidad.

Sígueme de cerca. Fija tu mirada en mí. Desde el punto donde estás, lánzate hacia la meta de que ya no seas tú quien vivas sino yo quien viva en ti. Considera como pérdida todo lo que antes era para ti ganancia. Sin volver la vista atrás corre hasta alcanzarme. Y aunque no lo tengas todo conseguido, prosigue la carrera de imitarme y de hacer que otros, siendo imitadores tuyos, lleguen a imitarme a mí.

No te quiero ocultar lo que vas a padecer por mi nombre, pues no se engendran sin. dolores de parto los numerosos hijos que por ti nacerán hasta el fin de los tiempos. Soporta conmigo las fatigas y las cadenas sufridas por mí y por mí Evangelio. La Palabra no está encadenada, y tú serás testigo, de que aún entre cárceles y dificultades yo mismo abriré ante ti puerta tras puerta, ciudad tras ciudad, para que lleves mi nombre ante los gentiles y extiendas mi mensaje hasta los confines de la tierra.

Nada podrá separarte de mi amor. Aunque sientas que eres indigno de esta misión, te repito que mi gracia te basta. Y no olvides nunca que el que inició la buena obra en ti la llevará a término, pues fiel es el que te ha llamado y el que te escribe, esperando tu respuesta.

Tu Dios que te hace su apóstol

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