Padre nuestro, Padre de todos

Padre nuestro,
Padre de todos,
líbrame del orgullo
de estar solo.

No vengo ni busco la soledad
cuando vengo a la oración,
pues sé que, estando contigo,
con mis hermanos estoy;
y sé que, estando con ellos,
tú estás en medio, Señor.

No he venido a refugiarme
dentro de tu torreón,
como quien huye a un exilio
de aristocracia interior.
Pues vine huyendo del ruido,
pero de los hombres no.

Allí donde va un cristiano
no hay soledad, sino amor,
pues lleva a toda la Iglesia
dentro de su corazón.
Y dice siempre “nosotros”,
incluso si dice “yo”.

Es un himno de la Liturgia de las Horas.